Jueves, Julio 18, 2024
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LA crisis de 1929. Texto: el crack de 1929

Los precios se elevaban día tras día [en el verano del 29]; casi nunca retrocedieron. Durante el mes de junio, el índice industrial del Times ganó 52 puntos; en julio, ganó otros 25. En agosto un nuevo salto con una ganancia de otros 33. En tres meses, una subida de 110 puntos.

Los valores individuales se habían portado maravillosamente. Durante los tres meses de verano, Westinghouse saltó de 151 a 286, con una ganancia neta de 135. General Electric se fue a 391 desde 286. ( ... )

El 3 de septiembre, y de común acuerdo, llegó a su fin el gran mercado alcista de los años veinte. Los hechos económicos, como siempre, no se dignan concedernos muchos datos sobre el dramático momento en que se produce e! punto de inflexión de una crisis. ( ... ) El 4 de septiembre el tono de! mercado aún era bueno; al día siguiente se produjo ya un retroceso. El índice industrial del Times señalaba una pérdida de 10 puntos. Individualmente, muchos valores perdieron bastante más. Los «blue chips» (los valores de «sangre azul») se sostuvieron bastante bien, aunque Steel bajó de 255 a 246, Westinghouse perdió 7 enteros y Tel&Tel 6. El público se apresuró a deshacerse del papel. El viernes, The Wall Street Journal ofreció un primoroso espécimen de prosa mercantil al indicar que «los movimientos de los precios del principal grupo de valores continuaron mostrando ayer las características de un mayor progreso temporalmente interrumpido por un reajuste técnico

El final había llegado pero todavía no era visible (…) 11 de septiembre, y de acuerdo con la tradición de  Wall Street Journal publicó su. máxima para la jornada.

Era de Mark Twain: «No enajenéis vuestras ilusiones cuando ya se han ido aún podéis existir, pero habéis dejado de vivir...». Según los historiadores del año 29, el Jueves 24 de octubre fue e! primer día del pánico. Efectivamente merece ser considerado así por su desorden, espanto y confusión. Ese día se transfirieron 12.894.650 acciones, muchas de ellas a precios que destrozaron los sueños y las esperanzas de quienes las habían poseído. (…) A las once y media, el mercado se había rendido a un ciego e inexorable terror. Fuera de la bolsa se podía oír un inquietante rumor. Una multitud se había congregado allí. [ ... ] Luego, llegó  más gente todos se pusieron a esperar aunque nadie sabía " [ .. ] Un observador creyó ver en las expresiones de la gente «no precisamente sufrimiento, sino más bien una especie de horrorizada incredulidad».

 

 

 

John Kenneth Galbraith , El crack de 1929, 1954

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